El Internet y el futuro del empleo digital

La cantidad de usuarios de Internet está evolucionando cada día. Hoy, podemos decir que somos más de la mitad de la población del planeta quienes tenemos acceso a las plataformas digitales, y las usamos para todo: investigación, entretenimiento y ocio, enseñanza y aprendizaje, compra y venta de artículos y, por supuesto, en el trabajo. Incluso nos resulta difícil pensar cómo funcionaba el mundo antes de su llegada.

Pero, ¿y si tuviéramos que definir ‘Internet’? ¿O cómo funciona? Definitivamente, la palabra que mejor describiría todo lo que es el internet, sería ‘conexión’.

La conexión de las cosas

Cuando pensamos en cosas que están conectadas a través de la red, realmente podemos referirnos a cualquier cosa. Podemos hablar del despertador, la cafetera en la cocina, el horno, la televisión en la sala, el auto, relojes, sensores y hasta botes de basura y espejos.

El ‘internet de las cosas’ es la traducción de la expresión en inglés ​Internet of Things (IoT), ​que, en esencia, trata de objetos que logran conectarse entre sí a través de la red, intercambiando información para optimizar o crear acciones. Estos dispositivos ‘conversan’ por medio de protocolos dentro de la misma red, almacenando información y acompañando así nuestras actividades cotidianas.

Entonces, cuando los objetos logran detectar y comunicarse unos con otros, la manera en que se toman las decisiones cambia y, sobre todo, quién las toma.

Evolución de las relaciones laborales

Hablamos de que el internet está más que presente en nuestras actividades diarias, y en el ámbito laboral se ha vuelto indispensable. Sacamos fotocopias, conseguimos datos, nos comunicamos a través de pantallas, y, en algunos campos, hasta se puede trabajar a distancia, desde casa, en el transporte público o en cualquier parte del mundo.

Este 2020, la IDC pronostica que el gasto mundial en internet de las cosas (IoT) debería ascender de los 692 600 millones de dólares registrados en 2015, hasta los 1,46 billones de dólares. Y esta es una cifra que solamente va en crecimiento y a una velocidad desmesurada.

La revolución del internet es tan grande que ha cambiado enteramente las relaciones laborales. Hoy en día, es la herramienta que más se utiliza al momento de buscar empleo. Se pueden descargar aplicaciones que funcionan exclusivamente para buscar ofertas de trabajo, ya sea a la redonda o para trabajar a larga distancia. En ella, los trabajadores pueden crearse perfiles en los que destacan sus aptitudes profesionales, logrando que quienes estén interesados los contacten. En redes sociales, incluso, constantemente nos saltan publicaciones en las que las empresas avisan de sus nuevas vacantes, y hasta te piden enviar tu currículum de forma online.

Gracias al internet es que podemos seguir conectados, avanzar en nuestros proyectos y obtener nuevas propuestas de valor en el sector laboral.

Plataformas digitales: ¿hace falta regular el empleo?

Ante el rápido crecimiento de las plataformas digitales y cantidad de usuarios quienes no sólo hacen uso del internet para optimizar la realización de sus actividades laborales, sino para quienes el internet se ha convertido meramente en su área de trabajo, surge una gran duda: ¿Qué les garantiza derechos y estabilidad laboral en internet?

Por supuesto, no es lo mismo hablar de una plataforma de crowdworking, en la que los trabajadores prestan sus servicios a un cliente que puede radicar en cualquier parte del mundo, que de empresas como Uber o Airbnb, en las que cliente y trabajador intermedian físicamente para realizar un servicio; no obstante, ambos modelos sugieren retos muy similares.

Para identificar el problema, es indispensable comprender todo lo que conlleva una relación laboral.

Parte esencial de esta es la subordinación, en la que el patrón tiene la facultad de dar órdenes e instrucciones al trabajador, y este último debe acatarlas. El empleado realiza una serie de actividades que benefician al empleador para el logro de un fin determinado y recibe una remuneración económica o de cualquier tipo.

Sin embargo, al referirnos a la relación laboral no sólo hablamos del intercambio de obligaciones y prestaciones de trabajo a cambio de una retribución garantizada, sino de ciertas normas o condiciones bajo las cuales se debe dar un trabajo para ser considerado justo, digno y productivo, y que pueda proporcionar al trabajador un marco de protección y seguridad social.

Las plataformas obtienen entonces el beneficio económico, pero quienes llevan a cabo el trabajo no siempre son conceptualizados como empleados, ni trabajadores, sino que son considerados ‘prestadores de servicios’. Es decir, la relación laboral no existe y, en consecuencia, no tienen acceso a los derechos que la ley contempla para ellos.

“El debate suele centrarse en si los trabajadores de estas plataformas son autónomos o deberían ser asalariados. La consideración de una u otra figura cambia sus condiciones de trabajo”, explica Elsa Santamaría, directora del máster universitario de Empleo y Mercado de Trabajo de la UOC, España. “También se discute si deberían ser considerados autónomos económicamente dependientes, pero sus condiciones de trabajo afectan también a otras cuestiones menos discutidas, como por ejemplo que los trabajadores no disponen de los recursos, sobre todo colectivos, para negociar las condiciones laborales y establecer mejoras en sus puestos de trabajo”, señala.

Recientemente es que se han empezado a aplicar y dictar distintas leyes a empresas que venden servicios o productos vía electrónica.

“El auge de estas empresas (en línea) plantea nuevos desafíos en materia de regulación y competencia. Las autoridades y los órganos reguladores en todo el mundo están abordándolos a fin de garantizar el mejor resultado para los consumidores”, plantea la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD). “Por ejemplo, en México, el Congreso y las Autoridades Reguladoras y de Competencia están centrando parte de su actividad en las plataformas digitales, al dictar nuevas leyes, adaptar las leyes vigentes y esforzándose en una labor de promoción generalizada”.

Este año 2020 se empezará a cobrar en México el impuesto de renta (ISR) del 1% al 10% dependiendo de los ingresos que obtengan algunas aplicaciones y plataformas que brindan servicios de transporte, venta de productos, entregas a domicilio, o servicios de transmisión (streaming) de audio o video, como Uber, Mercado Libre, Amazon, Netflix, entre otras.

A pesar de que el cobro del ISR ya ha sido establecido y comenzará a aplicarse este año, ​todavía no se ha logrado regular el trabajo que generan estas plataformas​, por lo que existe aún un vacío en la legislación. En otras palabras, hace falta establecer un acuerdo internacional y adoptar leyes que

formalicen qué tipo de relación laboral tienen los ‘prestadores de servicio’ con estas aplicaciones.

El problema radica principalmente en que la población no es consciente del riesgo que conlleva no regularlas, y hasta ahora, lo poco que se ha intentado es aplicar las regulaciones y disposiciones obligatorias de los esquemas tradicionales en estas plataformas, pero se trata de continuar probando alternativas y aprendiendo de errores para evolucionar.

Las plataformas están ayudando al crecimiento de la economía y estimulan el empleo, eso está claro; no obstante, las condiciones de trabajo que algunas suponen siguen siendo muy inestables.

Por tanto, abogar por un mayor control de ellas y regularlas es necesario y urgente para asegurar el ​futuro del trabajo y las plataformas digitales de empleo, con el fin de que sigan representando una oportunidad de trabajo digno y desarrollo socio-económico, poder brindar una oportunidad al mayor número posible de emprendedores de todo el mundo, y que el futuro de la economía digital que se desarrolla en Internet continúe siendo abierta a la colaboración, la inclusión y la seguridad social de una manera controlada.